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A por el segundo maratón con las ilusiones intactas

4 octubre, 2017

Mireia Bayarri encontró al aire libre su refugio. Paradógicamente: «Estaba atravesando una situación laboral complicada y necesitaba evadirme, nunca antes había corrido». Entre Puçol y Massalfassar, pero siempre cerca del mar, esta periodista aparcaba sus problemas cuando se calzaba las zapatillas: «Cada zancada que daba me suponía un gran esfuerzo, por lo que estaba totalmente concentrada y me olvidaba de todo lo demás».

En 2013 se quedó en paro y con la carrera a pie llenaba parte de ese vacío que se le había quedado. Meses después tuvo que parar. Aunque por una buena razón: «Me quedé embarazada. En ese tiempo y tras el nacimiento de Valentina me propuse un reto muy grande tanto personal como profesionalmente». Tenía una fecha: 20 de noviembre de 2016. Y un nombre: Maratón Valencia Trinidad Alfonso EDP: «Empecé a entrenarme todos los días y sentía algo increíble. Además me animé a contarlo a través de mi blog ‘Diario de un maratón’, así también cubría esa necesidad de contar cosas que tenemos los periodistas, algo diferente a lo que había hecho pero que me ayudó mucho». La familia de Mireia «alucinó» cuando les contó que iba a correr el maratón.

Maratón Valencia - Historias 42,195km - Mireia Bayarri

«Sin ellos no hubiera sido posible. Es fundamental su respaldo», admite. Con su ayuda de su esposo, amigos y entrenador, Paco Bayarri, vivió uno de los días más felices de su vida: «Iba con mi marido y un amigo, y mi padre con la bici al lado. En cada punto en el que creía que iba a tener un bajón tenía a gente animándome y esperando. Cuando faltaban unos 200 metros para llegar, cogí a mi hija en brazos y corrí con ella hasta casi la línea de meta, donde me agarré a mi marido y a su amigo que habían sufrido sendas lesiones durante la prueba. Juntos la cruzamos». Ese mismo día decidió que repetiría: «Será diferente. El año pasado sólo pensaba en terminar, ahora quiero mejorar». El 19 de noviembre espera que las lesiones le hayan respetado: «Lo estoy viviendo de una manera especial, hago más entrenamientos específicos, no salgo a correr por correr, hago cambios de ritmo, series, gimnasio y un plan de alimentación». Lo que sigue intacto es la «ilusión» de cruzar la «increíble» pasarela azul que lleva hasta el arco de meta.

Historia publicada en Las Provincias

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